El chevy manco
Estacionado en la vereda larga del zoológico de Palermo hay un Chevy naranja destruido, las puertas desvencijadas, oxidado, olvidado. Le falta la rueda trasera derecha y queda a la vista un muñón de hierro que remata en un cilindro chato con sus tornillos hacia afuera, a la espera de la llanta que lo complete. Un taco de madera bajo el eje mantiene nivelado al Chevy, anaranjado, dos fajas negras a lo largo, deportivo. El Chevy se cae a pedazos, le faltan piezas, está oxidado, los engranajes de su motor convertidos en un bloque inmóvil, sin embargo hace lo posible por mantenerse erguido. Igual que yo.