CUENTOS DEL BONDI
Por qué negarlo

Por qué negarlo: hay días en que nada sale bien.

No es mi intención hacer un recuento pesimista de todo lo que puede salir mal a lo largo del día, pero tampoco hace falta. Cualquiera de nosotros lo sabe. A todos nos ha sucedido. Muchas veces basta un suceso desafortunado de características negativas de mayor proporción que las habituales (tanto peor si sucede por la mañana) para predisponernos a notar pequeños detalles a los que normalmente no daríamos mayor importancia. Veamos.

Día sábado, nueve de la mañana. Nos levantamos con la loable idea de hacer alguna manualidad dentro de la casa. Los hombres somos particularmente afectos a ese tipo de trabajos. Siempre hay algo que hacer. En nuestro caso, mucho, así que elegimos algo sencillo para comenzar: colocaremos una ménsula de vidrio en la pared del baño, bajo el espejo, para colocar unos adornos que hemos llevado a casa de un viaje vaya uno a recordar a dónde, hace cuánto tiempo, y que reposan invisibles dentro de un mueble. Ni siquiera debemos comprar la ménsula. la hemos comprado hace seis meses, cuando tuvimos la genial idea. El objeto de nuestro deseo, la ménsula en cuestión, tiene dos soportes metálicos que, fijados a la pared, la sostendrán. Eso es todo. Dos agujeros, tornillos, soportes, ménsula. Quince minutos de trabajo. Veinte máximo.

Entonces sucede: tomamos en taladro (somos habilidosos con ese aparato) y al primer agujero perforamos un caño de agua. Teniendo en cuenta la superficie de la pared y la delgada franja que ocupa el caño, la probabilidad de que algo así suceda es prácticamente nula, a menos que uno forme parte de una película cómica. Lo primero, después de maldecir como es debido, es cortar el paso del agua. Descubrimos que nadie sabe dónde está la bendita llave, y para cuando la encontramos el agua ya corre escaleras abajo como en un capítulo de la pantera rosa. El experto sanitarista al que llamamos dice que la reparación no le tomará más de quince minutos (¡igual que a nosotros!), pero quince minutos del martes, único día que tiene libre.

Podría utilizar todas las páginas de El Heraldo Hispano para enumerar las cosas que podrían salir mal hasta el dichoso martes, sólo en ese baño, sin embargo el punto es otro: en todo lo que suceda en el transcurso de las siguientes horas descubriremos un plan maléfico universal en nuestra contra. Se vuelca el café con leche, no tenemos azúcar, el cuchillo está desafilado, no hay más cigarrillos, o hay, lo cual es terrible porque hemos dejado de fumar, a la camisa que amamos le falta un botón, el semáforo de la esquina no funciona, hace frío, hace calor, llueve, no llueve, la rotación de la Tierra nos hace tambalear.

Siento concluir que no hay remedio. Me dirán que es sólo una sensación, que las cosas suceden más allá de uno, y es cierto. Pero aún así no hay remedio.

Lo mejor, honestamente, es no colocar una ménsula en el baño.

(Publicado en el periódico “El Heraldo Hispano” - USA, febrero 2008)

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