CUENTOS DEL BONDI
Dejame que te cuente

La mujer carga sus dos valijas hasta el fondo y se sienta al lado de dos señoritas en sus veintes. -Estoy viajando hace como mil horas -dice. No hay respuesta. Silencio de las chicas a pesar de que la acotación fue dirigida inequívocamente a ellas. Cinco minutos más tarde, tal vez menos, repite la frase. Esta vez las chicas contestan. La mujer bufa, se acomoda una de las valijas sobre la falda, les relata a qué se dedica, que hizo ese día, hacia dónde va, qué hará cuando al fin logre bajar del bondi, que vida de perros la mía. Las chicas asienten cortesmente, una, dos, tres veces, pero no hay una cuarta. Entablan una conversación propia, pero la mujer no se calla, de hecho cambia discurso y mecha anécdotas propias en la conversación ajena. Cuando bajo del bondi, diez minutos más tarde, las chicas cambian sus asientos por otros que están bien adelante. La mujer acomoda sus valijas una a cada lado de sus pies, las toma por las manijas, y se pone de pie: hay un asiento libre detrás del de las chicas.

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